sábado, 19 de noviembre de 2011

Empezar de nuevo.

Empezar de nuevo.

En tiempos como los nuestros, no encuentro mayor necesidad que regresar a ser nosotros, volvernos más humanos y empezar a formarnos de nuevo una identidad que se despida de marcas, de objetos de consumo y de publicidad.

Si tan sólo nos tomáramos un tiempo para materializar nuestros sueños,
en lugar de soñar con lo material, seríamos personas mejores;
si nos despidiéramos de la pereza que nos impide regalar una sonrisa o un abrazo,
en vez de abstraernos en nuestro mundo interior plagado de preocupaciones modernas;
si aprendiéramos a volar desde pequeños y lo tomáramos como un hábito,
y no dejarnos arrastrar con los calificativos impuestos por una sociedad que no valora las verdaderas virtudes;
si los animales, lejos de parecernos simples alimentos que nacen y crecen para nuestro apetito voraz, o los guardianes de nuestras propiedades, o un espectáculo circense,
nos parecieran mejor seres semejantes, tan semejantes como que dependemos de la misma madre que hoy nos odia y recrimina su abuso indiscriminado;
si lejos de enajenarnos con la tecnología,
cumpliéramos los inocentes propósitos de cuando ésta iniciaba: una vida más despreocupada para el hombre,
hoy no tendríamos tantos ausentes y muertos en vida;
si creyéramos más en nosotros mismos y en nuestra capacidad de cambiar el cómo vivimos,
en lugar de confiar tanto en los engañosos medios;
si respetáramos nuestra mente como el bien más preciado, tanto como hemos dejado de hacerlo incluso con nuestro cuerpo;
si mis supuestos se convirtieran en realidad, ¡vaya utopía que estaríamos viviendo!

Por eso, en éste el tiempo que ahora vivimos todos, me atrevo a dar consejos sobre cómo nuestra cotidianidad debería ser, pues hemos sido tan ilusos que cuando algo se nos aparece como pequeño lo tomamos por inservible e insignificante.

Si dejara yo de suponer lo que sería de nosotros y pasara al acto, estaría empezando a educar con el ejemplo;
lejos de la inhumanidad, entonces, sólo entonces, empezaremos a pensar como los hombres que hemos dejado de ser, cambiaríamos nuestras vidas;
y así , yo escribiría mejores cosas, y tú, leerías mejor poesía.

martes, 8 de noviembre de 2011

Volviendo a empezar...


En días como hoy, en los que uno menosprecia las letras (aunque para mi generación, por no decir gran parte de la sociedad mexicana, infravalorar las letras es práctica por demás común); siempre es bueno reconfortase dentro de ellas, regresar a lo que fue, y que siendo volverá a ser; porque si bien es cierto que las palabras ven en el papel su ataúd, también es cierto que sólo el papel les otorga las posteridad que merecen, cuando son éstas dignas de ser leídas, tanto por sus contemporáneos, como por quienes les son atemporales.