¿Cómo se miden los sentimientos para poder expresarlos? El 'mucho' y el 'poco' llenan de subjetividad las relaciones humanas.
domingo, 25 de diciembre de 2011
sábado, 19 de noviembre de 2011
Empezar de nuevo.
Empezar de nuevo.
En tiempos como los nuestros, no encuentro mayor necesidad que regresar a ser nosotros, volvernos más humanos y empezar a formarnos de nuevo una identidad que se despida de marcas, de objetos de consumo y de publicidad.
Si tan sólo nos tomáramos un tiempo para materializar nuestros sueños,
en lugar de soñar con lo material, seríamos personas mejores;
si nos despidiéramos de la pereza que nos impide regalar una sonrisa o un abrazo,
en vez de abstraernos en nuestro mundo interior plagado de preocupaciones modernas;
si aprendiéramos a volar desde pequeños y lo tomáramos como un hábito,
y no dejarnos arrastrar con los calificativos impuestos por una sociedad que no valora las verdaderas virtudes;
si los animales, lejos de parecernos simples alimentos que nacen y crecen para nuestro apetito voraz, o los guardianes de nuestras propiedades, o un espectáculo circense,
nos parecieran mejor seres semejantes, tan semejantes como que dependemos de la misma madre que hoy nos odia y recrimina su abuso indiscriminado;
si lejos de enajenarnos con la tecnología,
cumpliéramos los inocentes propósitos de cuando ésta iniciaba: una vida más despreocupada para el hombre,
hoy no tendríamos tantos ausentes y muertos en vida;
si creyéramos más en nosotros mismos y en nuestra capacidad de cambiar el cómo vivimos,
en lugar de confiar tanto en los engañosos medios;
si respetáramos nuestra mente como el bien más preciado, tanto como hemos dejado de hacerlo incluso con nuestro cuerpo;
si mis supuestos se convirtieran en realidad, ¡vaya utopía que estaríamos viviendo!
Por eso, en éste el tiempo que ahora vivimos todos, me atrevo a dar consejos sobre cómo nuestra cotidianidad debería ser, pues hemos sido tan ilusos que cuando algo se nos aparece como pequeño lo tomamos por inservible e insignificante.
Si dejara yo de suponer lo que sería de nosotros y pasara al acto, estaría empezando a educar con el ejemplo;
lejos de la inhumanidad, entonces, sólo entonces, empezaremos a pensar como los hombres que hemos dejado de ser, cambiaríamos nuestras vidas;
y así , yo escribiría mejores cosas, y tú, leerías mejor poesía.
martes, 8 de noviembre de 2011
Volviendo a empezar...
En días como hoy, en los que uno menosprecia las letras (aunque para mi generación, por no decir gran parte de la sociedad mexicana, infravalorar las letras es práctica por demás común); siempre es bueno reconfortase dentro de ellas, regresar a lo que fue, y que siendo volverá a ser; porque si bien es cierto que las palabras ven en el papel su ataúd, también es cierto que sólo el papel les otorga las posteridad que merecen, cuando son éstas dignas de ser leídas, tanto por sus contemporáneos, como por quienes les son atemporales.
jueves, 6 de octubre de 2011
Los últimos hombres...
Friedrich Nietzsche, […] percibió que la civilización occidental se movía en dirección al “último hombre”, una criatura apática sin grandes pasiones o compromisos, incapaz de soñar, cansada de la vida, que no asume riesgos, que sólo busca su comodidad y seguridad, una expresión de tolerancia mutua [1]:
Un poco de veneno de vez en cuando produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para tener una muerte agradable. La gente continúa trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento. Mas procura que el trabajo no canse. […] La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche, pero honra la salud. “Nosotros hemos inventado la felicidad”, dicen los últimos hombres, y parpadean [2].
Un poco de veneno de vez en cuando produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para tener una muerte agradable. La gente continúa trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento. Mas procura que el trabajo no canse. […] La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche, pero honra la salud. “Nosotros hemos inventado la felicidad”, dicen los últimos hombres, y parpadean [2].
[1] Zizek, Slavoj; Sobre la violencia: Seis reflexiones marginales.
[2]Friedrich Nietzsche (Citado por Zizek); Así habló Zaratustra.
miércoles, 9 de marzo de 2011
De la poesía moderna y sus manifestaciones...
En mi primer publicación hablé sobre la característica forma de poetas en que se han convertido los jovenes de éstas nuevas generaciones digitales. Personas que, desafortunadamente, son incapaces de concebir la vida sin el internet. En fin, ese no es el punto.
Ya mencioné algunos ejemplos de este tipo de frases, o poemas, o versos, o como quiera que gusten llamarles. Esta vez me gustaría poner unos más, pues los de la vez anterior no me parecieron tan ilustrativos, aunque supongo que mi idea fué captada más o menos clara.
"Eres el niño de mis ojos. Sé que como tú no hay nadie más. Te quiero y te voy a querer siempre."
"(Nombre de la chica que te gusta), te pareces al cielo, ese color que solo trasmite tranquilidad y serenidad. Eres diferente a las demás, tu vida es un misterio, pues amas las cosas sencillas y pequeñas. Te quiero por ser como eres."
¿Verguenza? Sí. Prefiero quedarme ahí, como dije antes, no son para mí menos que amalgamas de pensamientos estructurados bajo la línea común de la moderna cursilería juvenil. ¿Cuándo fué que dejamos perder todo auténtico sentimiento humano y le permitimos el paso a la estúpidez incluso en nuestras sensaciones más hondas? ¿Cómo fué que nos olvidamos desde tan antes del placer que pueden provocar las letras, no solo a quién las escribe, sino a quién las lee y las repite a otro más?
Es entristecedor. ¿Cómo alguien se puede atrever a prometer amor eterno cuando ni siquiera el amor conoce? ¿Desde cuándo se volvió lícito mentir para conseguir las caricias (mal ganadas) de una persona a quien ni siquiera queremos, sino que más bien estamos acostumbrados a su belleza física y a través de ella nos queremos hacer de un reconocimiento social legítimo de ser los propietarios únicos de las placeres que puede otorgar tal persona? ¿Qué posibilidad existe de poder esperar con los mismos sentimientos en el alma a alguien en específico?
Parece como si de repente, la realidad de los sentimientos se hubiera invertido y provocado un nuevo sistema, más agresivo y decadente, en el que todos nosotros estamos predispuestos a una encarnizada lucha por mentir mejor para ganar el corazón de alguien de la manera mejor aceptada posible. De una forma en la que el más mentiroso, es el único que triunfa.
Ya mencioné algunos ejemplos de este tipo de frases, o poemas, o versos, o como quiera que gusten llamarles. Esta vez me gustaría poner unos más, pues los de la vez anterior no me parecieron tan ilustrativos, aunque supongo que mi idea fué captada más o menos clara.
"Eres el niño de mis ojos. Sé que como tú no hay nadie más. Te quiero y te voy a querer siempre."
"(Nombre de la chica que te gusta), te pareces al cielo, ese color que solo trasmite tranquilidad y serenidad. Eres diferente a las demás, tu vida es un misterio, pues amas las cosas sencillas y pequeñas. Te quiero por ser como eres."
¿Verguenza? Sí. Prefiero quedarme ahí, como dije antes, no son para mí menos que amalgamas de pensamientos estructurados bajo la línea común de la moderna cursilería juvenil. ¿Cuándo fué que dejamos perder todo auténtico sentimiento humano y le permitimos el paso a la estúpidez incluso en nuestras sensaciones más hondas? ¿Cómo fué que nos olvidamos desde tan antes del placer que pueden provocar las letras, no solo a quién las escribe, sino a quién las lee y las repite a otro más?
Es entristecedor. ¿Cómo alguien se puede atrever a prometer amor eterno cuando ni siquiera el amor conoce? ¿Desde cuándo se volvió lícito mentir para conseguir las caricias (mal ganadas) de una persona a quien ni siquiera queremos, sino que más bien estamos acostumbrados a su belleza física y a través de ella nos queremos hacer de un reconocimiento social legítimo de ser los propietarios únicos de las placeres que puede otorgar tal persona? ¿Qué posibilidad existe de poder esperar con los mismos sentimientos en el alma a alguien en específico?
Parece como si de repente, la realidad de los sentimientos se hubiera invertido y provocado un nuevo sistema, más agresivo y decadente, en el que todos nosotros estamos predispuestos a una encarnizada lucha por mentir mejor para ganar el corazón de alguien de la manera mejor aceptada posible. De una forma en la que el más mentiroso, es el único que triunfa.
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