Empezar de nuevo.
En tiempos como los nuestros, no encuentro mayor necesidad que regresar a ser nosotros, volvernos más humanos y empezar a formarnos de nuevo una identidad que se despida de marcas, de objetos de consumo y de publicidad.
Si tan sólo nos tomáramos un tiempo para materializar nuestros sueños,
en lugar de soñar con lo material, seríamos personas mejores;
si nos despidiéramos de la pereza que nos impide regalar una sonrisa o un abrazo,
en vez de abstraernos en nuestro mundo interior plagado de preocupaciones modernas;
si aprendiéramos a volar desde pequeños y lo tomáramos como un hábito,
y no dejarnos arrastrar con los calificativos impuestos por una sociedad que no valora las verdaderas virtudes;
si los animales, lejos de parecernos simples alimentos que nacen y crecen para nuestro apetito voraz, o los guardianes de nuestras propiedades, o un espectáculo circense,
nos parecieran mejor seres semejantes, tan semejantes como que dependemos de la misma madre que hoy nos odia y recrimina su abuso indiscriminado;
si lejos de enajenarnos con la tecnología,
cumpliéramos los inocentes propósitos de cuando ésta iniciaba: una vida más despreocupada para el hombre,
hoy no tendríamos tantos ausentes y muertos en vida;
si creyéramos más en nosotros mismos y en nuestra capacidad de cambiar el cómo vivimos,
en lugar de confiar tanto en los engañosos medios;
si respetáramos nuestra mente como el bien más preciado, tanto como hemos dejado de hacerlo incluso con nuestro cuerpo;
si mis supuestos se convirtieran en realidad, ¡vaya utopía que estaríamos viviendo!
Por eso, en éste el tiempo que ahora vivimos todos, me atrevo a dar consejos sobre cómo nuestra cotidianidad debería ser, pues hemos sido tan ilusos que cuando algo se nos aparece como pequeño lo tomamos por inservible e insignificante.
Si dejara yo de suponer lo que sería de nosotros y pasara al acto, estaría empezando a educar con el ejemplo;
lejos de la inhumanidad, entonces, sólo entonces, empezaremos a pensar como los hombres que hemos dejado de ser, cambiaríamos nuestras vidas;
y así , yo escribiría mejores cosas, y tú, leerías mejor poesía.
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