En días como hoy, en los que uno menosprecia las letras (aunque para mi generación, por no decir gran parte de la sociedad mexicana, infravalorar las letras es práctica por demás común); siempre es bueno reconfortase dentro de ellas, regresar a lo que fue, y que siendo volverá a ser; porque si bien es cierto que las palabras ven en el papel su ataúd, también es cierto que sólo el papel les otorga las posteridad que merecen, cuando son éstas dignas de ser leídas, tanto por sus contemporáneos, como por quienes les son atemporales.
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